Así describe el abogado Khaled Quzmar la mayoría de las detenciones de menores palestinos documentadas por la organización que dirige, Defense of Children International – Palestine (DCIP). Según Quzmar, decenas de militares suelen irrumpir en las casas de los niños durante la noche, a veces rompiendo puertas, para llevar a cabo los arrestos.
Después de la detención, los niños son trasladados a centros de interrogatorio, donde no cuentan con la presencia de familiares ni abogados.
Quzmar denuncia que en estos lugares, los menores son sometidos a tortura psicológica y, en ocasiones, física, lo que lleva a muchos de ellos a confesar delitos que no han cometido. A pesar de estas denuncias, el Servicio Penitenciario de Israel (IPS) afirma no estar al tanto de tales acusaciones y sostiene que los prisioneros tienen el derecho de presentar denuncias que serán examinadas por las autoridades oficiales.
Organizaciones internacionales como Save the Children y la UNRWA han expresado su preocupación por la situación de los menores palestinos, destacando abusos físicos y emocionales, incluyendo golpizas, registros humillantes y lesiones durante las detenciones según un informe publicado por Save the Children en julio pasado.

Karim Ghawanmeh, de 12 años, fue retenido durante 7 horas e interrogado por el ejército israelí sin la presencia de sus padres.
Tribunales militares
Dado que Cisjordania y Jerusalén Este están bajo ocupación israelí y están bajo la jurisdicción de su ejército, los palestinos arrestados en estos territorios enfrentan juicios militares, incluso los niños. Según Save the Children, los palestinos son únicos en el mundo al ser “sistemáticamente procesados por tribunales militares”. La organización estima que en las últimas dos décadas, aproximadamente 10,000 menores palestinos han sido detenidos en el sistema de detención militar israelí.
Aunque el ejército israelí sostiene que estos tribunales cumplen con las obligaciones establecidas en la Cuarta Convención de Ginebra y otras leyes internacionales, la legislación militar israelí, según Khaled Quzmar, permite el arresto de palestinos de cualquier edad. DCIP ha documentado casos de niños de hasta 6 años detenidos y liberados después de 5 o 6 horas, a pesar de que la legislación israelí establece una edad mínima de responsabilidad penal de 12 años.
Interrogatorios
Penas

Ahmed Manasra tenía 13 años cuando fue detenido. Lleva 8 en la cárcel, donde padece graves problemas psiquiátricos.
Detención sin cargos
Al igual que los adultos, muchos menores detenidos por el ejército israelí enfrentan detención administrativa sin cargos formales presentados en su contra.
Iham Nahala, por ejemplo, fue liberado después de 14 meses de encarcelamiento sin acusaciones presentadas en su contra, como parte del intercambio por rehenes durante la última tregua entre Israel y Hamás.
La UNRWA destacó el caso de Amal Muamar Nakhleh, que padece una rara enfermedad autoinmune y pasó un año en detención administrativa sin enfrentar cargos. El acceso para visitarlo en prisión y obtener información sobre su estado de salud ha sido extremadamente limitado, según el organismo.
Las organizaciones de derechos humanos han denunciado las restricciones impuestas a las familias para acceder a los menores una vez que son detenidos. Entre las medidas, se ha reportado que a los niños palestinos se les niega acceso a representación legal y a ver a sus familias.

Ismail en-Nicce, de 10 años, fue brutalmente maltratado, según testigos, antes de ser arrestado en Hebrón y llevado a un centro de detención el pasado mes de septiembre.
Aunque las autoridades israelíes han afirmado trabajar para proteger los derechos de los menores en los procedimientos administrativos y penales, informes anteriores de Unicef destacaron un maltrato generalizado e institucionalizado hacia los niños en detención militar israelí.
Las secuelas psicológicas de la detención militar también han sido denunciadas por organizaciones de derechos humanos. Cerca de la mitad de los liberados informaron a Save the Children que no pudieron retomar una vida normal después de su liberación, según el informe “Indefensos” de 2020.
Mohammed Nazzal, un adolescente de 18 años liberado después de tres meses de detención administrativa, relató haber sufrido maltrato físico durante su encarcelamiento, lo que resultó en fracturas en ambas manos.
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