
A su regreso a la Casa Blanca después de este chequeo, el presidente Joe Biden cumplió, visiblemente satisfecho, con la tradición de indultar a dos pavos antes del Día de Acción de Gracias, llamados Peanut Butter (mantequilla de maní) y Jelly (mermelada) en homenaje a un sándwich muy popular.
El pavo es un plato emblemático del Día de Acción de Gracias, que se celebra la próxima semana.
Después de un discurso salpicado de bromas y entrecortado por los cloqueos de las dos aves, un sonriente Biden posó para fotografías y bromeó con los niños en la rosaleda de la Casa Blanca.
“Mi chequeo transcurrió muy bien”, dijo a los periodistas al salir a las 14H05 (19H05 GMT) del hospital Walter Reed, en las afueras de Washington. Poco después llegaba a la Casa Blanca, donde declaró con una sonrisa”: “Me siento bien”.
Un comunicado lacónico de la Casa Blanca anunció a las 6 de la madrugada que el presidente se sometería a un chequeo de rutina, el primero desde su investidura.
Es el presidente más viejo de la historia de Estados Unidos y ha hecho público que prevé presentarse a un nuevo mandato en 2024, pero se especula con que podría renunciar a ello debido a su edad.
Biden ha prometido transparencia sobre su estado de salud. Algunos partidarios de Donald Trump no pierden la ocasión de sembrar dudas públicamente, de forma más o menos indirecta, sobre su salud física y su lucidez.
En 1988 tuvo un grave problema de salud: fue trasladado de urgencia al hospital tras la rotura de un aneurisma y se llamó a un sacerdote para que le diera la extremaunción.
Si Biden no se presenta a la reelección, Harris, de 57 años, sería la candidata natural de los demócratas, aunque hasta ahora la mayoría de los observadores hace un balance mitigado de su mandato como vicepresidenta.
Con información de medios internacionales